¿Qué estás haciendo para evitar una demencia en edades avanzadas?
Desde el manejo de tus emociones hasta lo que comes y bebes son factores que influyen en la prevención de demencias.
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No obstante, dentro de los varios tipos de demencias, entre ellas el alzheimer frontotemporal y las asociadas a la enfermedad del Parkinson, las que con mayor probabilidad un individuo puede prevenir son las vasculares, es decir, aquellas que se dan por obstrucción en la irrigación sanguínea del cerebro.
“Los primeros signos de trastornos neurocognitivos (demencias), pueden ser difíciles de detectar; sin embargo, pueden estar relacionados con dificultades en el lenguaje, pérdidas significativas de la memoria reciente, desorientación del tiempo y de espacio, dificultad en la toma de decisiones, desmotivación, alteraciones del sueño y descuido en la higiene”, dice la enfermera Paola Sarmiento, profesora del área de salud mental de la Facultad de Enfermería y Rehabilitación.
Según la neuróloga Cheryl Eneyda Jiménez, de la Clínica Universidad de La Sabana, cuando consumimos en exceso alimentos de alto valor energético, como grasas y azúcares, aumentamos el riesgo de sufrir enfermedades vasculares como la hipertensión arterial, la diabetes y la dislipidemia, que pueden favorecer la aparición de lesiones neurovasculares y, posterior desarrollo de una demencia.
Por otra parte, se ha demostrado que el tabaquismo, la obesidad y el consumo de alcohol o de sustancias psicoactivas, están directamente asociados al riesgo de sufrir demencia. “El consumo de alcohol en exceso daña las neuronas, afecta sus conexiones y deteriora la función cerebral”, explica la neuróloga; esto se asocia también a la reducción en el tamaño del cerebro (atrofia cerebral), daños en la velocidad del procesamiento de la información y hemorragia intracraneana.
Cuando el consumo de alcohol afecta la función hepática, que filtra sustancias tóxicas (amonio), estas pueden llegar al cerebro causando encefalopatía, “que es una de las condiciones neurológicas más delicadas”, asegura la doctora Cheryl.
Así mismo, se ha encontrado que enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar o la esquizofrenia, se ha encontrado podría aumentar el riesgo de padecer una demencia. “De allí que, además del control de factores de riesgo vasculares o físicos, cada día sea más importante prestar atención a la salud mental del individuo”, complementa la doctora.
Para mantener la salud mental a lo largo del tiempo, el psiquiatra Álvaro Romero Tapia, decano de la Facultad de Medicina, recomienda llevar un estilo de vida equilibrado que incluya ejercicio físico, dieta saludable (baja en grasas saturadas, azucares refinadas y sodio, y rica en verduras, vitaminas y ácidos grasos insaturados), actividad intelectual permanente, desarrollo de la dimensión trascendente y, de acuerdo a varios estudios, un relacionamiento social y familiar muy activo.
La doctora Cheryl menciona que las “grasas buenas”, que son las insaturadas -por ejemplo, Omega 3, Salmón, frutos secos, coco, aguacate, aceites de semillas de girasol o soya-, en cantidades moderadas ejercen un factor protector. Según la experta, estos alimentos pueden mejorar las capacidades antioxidantes neuronales y promover la producción de mielina, capa que recubre las neuronas.
La doctora Cheryl indica que el ejercicio no sólo debe ser físico, sino también intelectual, porque esto mejora las redes neuronales e incluso puede crear nuevas, lo cual disminuye el riesgo de demencia. “Lo que no se usa, se oxida: debemos ver qué tanto estudiamos y aprendemos (no solo académicamente), y qué tanto leemos”.
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